“No están dispuestos a tocar el estatus del coche”

El 7 de agosto moría en Madrid Óscar mientras circulaba en bici, atropellado por un vehículo que se daba a la fuga. En las siguientes semanas, otros tres ciclistas, dos de ellos menores, fallecían en distintos atropellos en Soria, Murcia y Barcelona respectivamente. Como en casi todas las informaciones relacionadas con el atropello de ciclistas, autoridades y medios de comunicación se apresuraban a señalar si la víctima llevaba casco, si iba debidamente señalizada… y toda una serie de recomendaciones de seguridad para las personas que utilizan la bici como medio de transporte.

Se traslada así un mensaje muy claro: la bicicleta es un medio de transporte peligroso y las víctimas de los accidentes tienen parte de responsabilidad en ellos. En palabras de Juan Merallo, miembro de la asociación Pedalibre de Madrid, “el problema parece que lo ha ocasionado el ciclista, por estar ahí, por ir en bicicleta, cuando lo que está claro es que hay un vehículo con una masa y una velocidad muy superiores que, por ello, siempre debe tener una responsabilidad mayor en lo que sucede”.

La Asociación Pedalibre lanzaba un comunicado tras el atropello de Óscar en el que dejaba claro que se negaban a calificarlo de “accidente” y hablaban de “violencia vial”, entendida ésta como algo cotidiano y constante, que se concreta en coches que adelantan a una velocidad excesiva o sin respetar la distancia mínima de seguridad; pero también en “el bocinazo para que te apartes, el improperio porque molestas, el acoso por el simple hecho de estar ahí y circular más despacio de lo que a sus motorizados culos les gustaría”. Una violencia vial que es resultado de unas “nefastas políticas de movilidad que otorgan impunidad a los vehículos a motor”, señalan. “La única solución que nos están ofreciendo es protegernos; no están dispuestos a tocar el estatus del coche”, afirma Juan Merallo.

Desde los colectivos en defensa de la bici se exigen responsabilidades a las administraciones, Dirección General de Tráfico a la cabeza, a las que culpan de hacer normas para el coche y para invisibilizar y arrinconar a las bicicletas en el tráfico, reforzando la idea de que éstas molestan.

Así, el proyecto de reforma del reglamento general de tráfico [pdf] presentado por la DGT en marzo de este año, aunque especifica entre sus objetivos “la pacificación del tráfico urbano, la potenciación del uso de la bicicleta y la reducción de la siniestralidad en los cascos urbanos”, ha incluido propuestas que han encontrado el rechazo de las asociaciones y colectivos de ciclistas. Entre ellas, la obligatoriedad del uso del casco en las vías urbanas o la recomendación de circular por la parte derecha del carril y no por el centro.

El uso obligatorio del casco ha sido uno de los temas más polémicos. En contra de esta medida se ha argumentado que no está demostrada su efectividad en la reducción de la siniestralidad, que sí se ha documentado que desincentiva el uso de la bici y que se responsabiliza a la víctima de su autoprotección. Sólo un 20% de las 10 o 12 víctimas mortales que se producen al año en vías urbanas en el país se podrían haber evitado por el uso del casco, según Manuel Martín, director técnico de la Coordinadora en Defensa de la Bici
(ConBici)
. Además, “si el casco es obligatorio y un ciclista sufre un atropello y no lo lleva, el seguro podría pagarle menos indemnización. Le están cargando parte de la culpa a él de lo que haya pasado. Por eso la obligatoriedad es jurídicamente perjudicial para la víctima”, afirma.

Ninguna de estas medidas es efectiva por sí sola. En palabras de R. Hoogfietser, ciclista urbana participante en el taller de reparación del Patio Maravillas y en la Bici-Crítica –una iniciativa que congrega a cientos de ciclistas el último jueves de cada mes en Madrid–, “de poco sirve imponer el casco en la ciudad si los coches, motos y taxis siguen haciendo un uso violento de las calles y abusivo del espacio público, sin asumir la presencia de otras usuarias más vulnerables. Y de poco sirven las multas si la bicicleta sigue siendo la primera en ser cuestionada, sobre todo mediáticamente, como causante del accidente o como imprudente”.

Lo único que sí se ha demostrado efectivo para aumentar la seguridad de los usuarios de bici es el aumento de la presencia de éstas. “Las ciudades que tienen muchos ciclistas suelen tener un promedio de velocidad menor y menos accidentes en general”, explica Manuel Martín. En definitiva, lo que las estadísticas nos enseñan es que los ciclistas hacen más seguras las ciudades.

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