Una respuesta ante los nuevos contaminantes

Tras varios años de retraso, se espera que durante 2014 la Comisión Europea tome varias decisiones sobre cómo va a regular un grupo de sustancias químicas conocidas como alteradores hormonales o disruptores endocrinos.

A pesar de ser un grupo relativamente pequeño de sustancias (unas 500 de las más de 100.000 existentes en el mercado europeo), los disruptores endocrinos se pueden encontrar contaminando los alimentos y como componentes de numerosos productos y artículos de consumo, como envases, productos de limpieza, cosméticos, cremas solares, juguetes, ropa, aparatos eléctricos y electrónicos, muebles, etc.

Estos contaminantes tienen la capacidad de alterar el sistema hormonal y provocar importantes daños en la salud de las personas expuestas. Entre ellos, se habla de daños en el sistema reproductor, cáncer de mama, de próstata y un largo etcétera (ver recuadro). Estos daños aparecen, sobre todo, en los hijos de las personas expuestas. Es la exposición en el útero, durante el desarrollo fetal, lo que da lugar a la aparición de estas enfermedades en la niñez y en la edad adulta.

Cómo actúan

Los disruptores endocrinos penetran en el organismo a través de la ingesta de alimentos, por el uso de plaguicidas, o la ingesta de agua, por los envases. También a través de la piel durante el contacto con productos, como en el caso de los parabenos contenidos en cosméticos o productos de higiene, alquilfenoles de la
ropa o ftalatos en artículos de PVC blando. Y a través de los pulmones, al inhalar sustancias o partículas que se desprenden de estos productos, en el caso de las fragancias.

Estos disruptores tienen unas características toxicológicas particulares, que hacen que los sistemas de protección de la salud frente a los contaminantes químicos existentes en la actualidad no sirvan para estas sustancias. Los alteradores hormonales pueden producir efectos con dosis extremadamente bajas, por debajo de los límites de seguridad establecidos para otras sustancias. Por otra parte, presentan efectos combinados, esto es, sustancias que no producen efectos negativos si se analizan individualmente, cuando se combinan sí los producen.

Estamos expuestos diariamente a mezclas de centenares de sustancias diferentes. Por estas y otras razones se considera que no existe un nivel de exposición seguro a los alteradores hormonales y, por ello, sólo cabe tomar medidas para evitar estar expuestos a ellas, lo que significa prohibir su presencia en alimentos, productos y artículos de consumo.

Numerosas empresas de ropa y calzado, juguetes, cosmética, muebles, etc, han decidido adelantarse a la normativa y dejar de utilizar estas sustancias en sus productos y artículos. También las normativas vigentes habían avanzado en los últimos años, al incluir los alteradores hormonales entre las sustancias prohibidas en plaguicidas, biocidas, cosméticos, etc. Sin embargo, no se llegaba a especificar cómo identificar estas sustancias. Es decir, no se menciona qué sustancias son las que están incluidas en estas prohibiciones, por lo que, en la práctica, la norma­tiva no se puede aplicar.

La intensa presión ejercida por algunos sectores industriales interesados, en particular de los fabricantes de plaguicidas, ha retrasado durante años los intentos de consensuar criterios para identificar alteradores endocrinos. Reciente­mente, la Comisión Europea ha decidido retrasar la aprobación de los criterios consensuados en junio por un grupo de expertos. El pretexto es conocer antes qué impacto puede tener la adopción de estos criterios sobre la industria de plaguicidas, haciendo caso omiso a las advertencias de los expertos en disrupción endocrina independientes, numerosas sociedades científicas y organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud, que han advertido a los responsables políticos de la necesidad urgente de reducir la exposición de la población a estas sustancias.

Más de un centenar de organizaciones sociales de toda Europa, incluyendo asociaciones de consumidores, de defensa de la salud pública y profesionales de la salud, de prevención del cáncer, ecologistas, y grupos de mujeres y sindicatos, han formado la coalición EDC Free Europe para que aumente la concienciación pública sobre los riesgos de los disruptores endocrinos e impulsar una rápida acción gubernamental.

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