España se rompe por Gamonal

"Hay que preguntarse si la violencia de ayer no es la responsable de la fuerza que hoy ha cogido esta manifestación". Esta frase me la dijo Manuel Alonso, vecino de los que dan honor a un megáfono, este sábado por la tarde, cerca de la comisaria de policía, antes del gran estallido. Pero sigue teniendo sentido para hablar de Gamonal aunque yo le hubiese abordado hoy lunes a las 6.00 de la mañana, o el viernes mismo, cuando ya la calle Vitoria, que vertebra el barrio de este a oeste, volvió a conocerse como "territorio comanche" en toda España. A Manuel, siendo justos, me lo crucé de nuevo cerca de las nueve y media de la noche levantado las manos y con la cara desencajada, cuando el humo pastoso de los contenedores en llamas y el ruido de los petardos hacía inviable cualquier conversación, intentando contener un poco a sus vecinos para evitar más heridos y detenciones.

Mientras grupos de jóvenes encapuchados empiezan a amontonar abundante material de obra calle arriba y calle abajo, cerrando el paso con barricadas a las lecheras de las UIP, un par de jubilados castellanos, de boina parda calada hasta las cejas y el mapa del tinto en la nariz, entran en el debate de "menudo idiota el alcalde y anda quel joputa del otro". El alcalde es Javier Lacalle, de oficio político, de empresa el PP. El "otro" es Antonio Miguel Méndez Pozo, cacique local: presidente de la Cámara de Comercio, del medio de referencia (Diario de Burgos) y de la constructora adjudicataria de las obras del bulevar de la calle Vitoria que han prendido la yesca, el puto amo, vamos. Pero sabios son los viejos:

"El Méndez Pozo le tiene cogido por los huevos a este alcalde.

Si había proyectos más baratos y mira, mira, que se lo dieron al de siempre.

Seguro que con El Diario de Burgos podrían sacarle a Lacalle mierda como para echarle. Ya le presionaron cargándose a esos dos consejeros, el Villanueva y Braceras, que iba al Bernabéu en coche oficial.

Y hoy, encima, sacando como columnista al arquitecto del proyecto. Tócate los cojones".

Gamonal ya está harto. Burgos a otra cosa. Nuestros dos sesentones se despiden porque han dicho en casa que volverían antes de las nueve y mira ya qué horas son.

En la calle no sólo el frío ha creado encapuchados. Una muchedumbre empieza a rodear a los cámaras de TVE que están aprovechando el desconcierto para hacer un directo y se lo revientan. El círculo sobre ellos se va estrechando y una cincuentona pequeña y enjuta rompe el pacto y no para de insultarles. Los operadores desmontan el sarao, se suben a su unidad móvil y para cuando son conscientes están ya en marcha a varios metros de la gente con varios faros de menos.

Escribimos esta crónica colectivamente y con seudónimo porque, aunque nunca tuviésemos la ambición de escribir en Diario de Burgos, los senderos de Méndez Pozo son oscuros y procelosos.

Los antidisturbios entran en acción. Difícilmente llegan a 30 robocops y vienen de Valladolid. Cuando hay problemas siempre vienen de Valladolid, de Vitoria, o de Miranda de Ebro o Soria, como dicen los rumores. En Burgos no hay antidisturbios, "¿para qué?" Parecen pensar los mandos "allí nunca pasa nada".

Gamonal, barrio obrero, 70.000 habitantes de los 180.000 que tiene la ciudad. Sin embargo, sufre varios estereotipos endémicos: su uniforme es el chándal, son unos canis, quieren ser independientes, se aparca en triple fila y nadie echa el freno de mano. Urbanísticamente es una chapuza de barrio, pelotazo old school, especulación pre crisis, y para el poder siempre ha sido el caos. Son ahora sus vecinos organizados los que le han soltado a los caballos del Apocalípsis al alcalde. Ese ejército de chándal: "jaja, Gamonal huele mal", que te va a costar el cargo.

Un reloj debajo del cual puede leerse "No al Bulevar" marca ya las diez y 3 grados en la calle. Eres un antidisturbios nuevo en la ciudad, y llevas media hora pensado cómo coño sacamos a esta gente de aquí. Del millar de manifestantes que hubo primero antes la comisaria de policía, que desfilaron en una marcha no autorizada y que ya te dieron mal aspecto apenas quedarán unos cien en pequeños grupos que te están amargando la noche. Antes de que tu llegases, les diste tiempo a reventar dos sucursales bancarias hasta tal punto que se puede acceder a ellas por el cristal del escaparate. En la del BBVA lleva rato un segurata de Prosegur asustado y escondido, gritando: "Alto, voy armado". La noche es una mierda.

La niebla del humo de los contenedores toma Gamonal, hoy han sido 40, cifra el ayuntamiento. El lunes te darán un toque de Madrid, señor Lacalle. Y otra vez, como el viernes, la calle Vitoria retumba con las salvas de los UIP.

"Esto es Burgos, cabrones", grita uno, "Gamonal territorio comanche", más allá, "Jo ta ke, irabazi arte", a lo lejos. Eres un UIP y los vecinos te insultan desde cientos de balcones. Normal, acabas de detener a un mendigo. La mala suerte hace que una de tus pelotas de goma haya reventado la luna de un coche. Como repiten en la calle: "los obreros no joden los coches de los obreros".

La calle parece Sarajevo, Alepo u Homs. La obra del flamante bulevar que nos iba a quitar los coches de la arteria principal de Burgos sin ninguna alternativa, es ahora una cantera de obra, un polvorín para los manifestantes. Llueven los casquillos de cerveza, los insultos. Carrera arriba, carrera abajo. Recuerdas que la última vez en Gamonal, hace de eso 8 años, desde los balcones os tiraron quesos, botellas, lámparas, hasta un retrete. Eres un antidisturbios nuevo en la ciudad. Llevas cinco horas deseando que todo acabe.

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