Trabas y apoyos para buscarse la vida fuera

Por medio del portavoz de Sanidad del Grupo Popular en el Congreso, el Gobierno se apresuró a echar arena sobre el incendio que había provocado. Rubén Moreno explicó a los medios que la reforma de la Ley General de la Seguridad Social que establece la retirada de la tarjeta sanitaria a las personas que pasen más de 90 días fuera del país no afectará a los parados de larga duración ni a los estudiantes. Dijo, en definitiva, que la
medida, publicada en el BOE del 26 de diciembre,
está destinada a quienes se busquen la vida en la economía informal de otros países. Lo cierto es que, en efecto, los acuerdos europeos garantizan el acceso a ciertos derechos en materia sanitaria para todas las personas, ¿qué finalidad tiene, por tanto, este anuncio? Se trata de un complemento al Real Decreto Ley 16/2012 de exclusión sanitaria y está dirigida “a la población residente en España, que ha desarrollado nuevas estrategias de movilidad”, en palabras de Amparo González, autora del informe La nueva emigración española, de la Fundación Alternativas. Entre esas estrategias se encuentran algunas como la salida unos meses al extranjero para realizar trabajos de temporada, especifica González. Esta investigadora del Consejo Superior de Inves­tigaciones Científicas subraya otro efecto del cambio aprobado, y es aumentar las trabas para que quienes migren aporten información sobre su situación en el país de destino.

El 15 de diciembre se presentaba el proyecto “Así nos vamos”, una experiencia del periodismo de datos que busca ofrecer información estadística acerca de los flujos de salida y entrada de la población desde el comienzo de la crisis. Las informaciones sobre lo que se ha llamado “exilio laboral” han arrojado cifras muy dispares sobre un fenómeno que, en cualquier caso, no cuenta con instrumentos de medición fiables. La periodista Gloria Rodríguez-Pina, que participa en “Así nos vamos”, explica que no hay métodos estándar para establecer una cifra aproximada, “en el INE solo hay dos personas dedicadas a esto”, de ahí que las 200.000 salidas estimadas por este instituto son tomadas como una convención por el propio INE. No obstante, hay estudios que rebajan esa cifra hasta las 40.000 salidas desde el comienzo de la crisis. Es el caso del informe ¿Emigran los españoles?, realizado por la investigadora Carmen González para el Real Instituto El Cano. El sesgo está claro: este estudio sólo refleja la salida de oriundos, es decir, la población nacida en territorio español, y no la de quienes hayan obtenido la nacionalidad con posterioridad. Frente a esto, Amparo González eleva la cifra de salidas a 700.000 personas. Es el resultado de un coeficiente que surge de contrastar los datos del padrón con las altas en registros poblacionales de Alemania o Reino Unido, principales destinos de la población española.

En cualquier caso, explica Amparo González a DIAGONAL, su informe no es un cómputo exacto sino que pretende “ilustrar el subregistro existente”. Esta investigadora considera que la información es más fidedigna cuando procede de aquellas fuentes que entran en relación con las necesidades vitales de quien se marcha. Números de la seguridad social, registros de identificación fiscal, o los trámites necesarios para alquilar una vivienda, arrojan más información sobre las tendencias que el mero registro en el censo consular, un trámite por el que pasan pocas personas y que es en el que se basa el registro del INE. Amparo González, refiere, por ejemplo, que las cifras de solicitud del número de identificación fiscal en Alemania son siete veces mayores que las personas censadas en el consulado alemán. Así, mientras, como señala Rodríguez-Pina la información que pueden aportar las compañías de telefonía sería útil para establecer más patrones, medidas como la aprobada en materia sanitaria disuaden a quienes se trasladan de aportar información. No son las únicas dificultades, la posibilidad de perder la posición en una lista de espera es otro de los “desincentivos” que Amparo González detecta. Esta investigadora cree que establecer actuaciones para superar ese subregistro no es logísticamente inviable: “es barato pero no es sencillo”, resume.

Laborización y organización

Adolescentes que regresan junto a sus madres que reagrupan su hogar en Latinoamérica. Investigadores que vuelven a hacer el petate. Jó­venes agobiados por el hiperflexible mercado laboral español. Ciuda­danos del mundo que marchan tras superar los trámites necesarios para obtener la naciona­lidad. Personas mayores de 35 años que se instalan en Alemania o Reino Unido con pocas expectativas –o pocas ganas– de retornar. No hay un único perfil. Pero hay datos que refuerzan la idea de que la crisis ha desatado la migración por motivos de trabajo. Desde 2008, el volumen de las remesas enviadas desde el extranjero a España han subido un 22% y desde 2013 las entradas de dinero desde el extranjero ya superan a los envíos a otras partes del mundo.

Pero, aunque sea arriesgado interpretar determinadas cifras, no lo es reflejar la tendencia a la organización de muchos de estos “nuevos migrantes”. De Escandinavia a Monte­video, las “mareas granate”, surgidas a partir de la campaña “No nos vamos, nos echan” de Juventud Sin Futuro de la primavera de 2013, recogen y comparten información sobre este “exilio laboral”. Londres, Berlín o Viena son algunos de los nodos más activos de esta marea, cuyo trabajo se basa en dos ejes: el apoyo mutuo y la movilización para dar a conocer y tratar de transformar la situación en el Estado español.

Desde la Marea Granate de Lon­dres explican a este periódico que el denominador común “es que no queremos volver a una sociedad desgarrada y sin derechos. No queremos volver a un país que ha sido destrozado por políticos ineptos y banqueros sin escrúpulos”. Temas como la Ley del Aborto y movilizaciones como las marchas previstas para el 22 de marzo forman parte de la agenda de esta marea, granate, por el color del pasaporte. Junto al foco puesto en la agenda peninsular, tanto en Berlín como en Viena o Londres se han puesto en marcha oficinas de asesoría en materia de vivienda, ayudas, trabajo o acceso a la sanidad. “Resulta muy difícil empezar si no se conocen bien las leyes, costumbres, dinámicas y peculiaridades vienesas”, confirman desde la marea de la capital austríaca. Simul­tá­neamente, crece la coordinación entre estos grupos y los movimientos autóctonos, tanto para dar a conocer la situación en España como para facilitar que los nuevos proyectos vitales encuentren apoyo desde la base de la horizontalidad y la solidaridad.

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