La máscara acerca

André y Dorine, tragicomedia de máscaras de la compañía Kulunka Teatro, estará hasta el 2 de febrero en el Teatro Fer­nando Fernán Gó­mez de Ma­drid. Después de una exitosa gira de tres años por más de 20 países, vuelven a escenarios españoles. Kulunka me recibe en lo que podría ser un taller en vez de un camerino. En él se encuentra lo indispensable para trabajar: maletas, cajas y 14 máscaras aguardando a que alguien les dé vida en la próxima función. Conmi­go, los artesanos: Gar­biñe Insausti, José Dault y Eduardo Cár­camo. Miro las máscaras. Les miro a ellos. Son muy jóvenes para interpretar a ancianos. Son muy poca gente para contar una historia tan grande.

Vuestra obra cuenta la historia de una enferma de alzheimer. ¿Tuvisteis siempre claro que el argumento versaría sobre un tema de índole social?

José: El punto de partida fue contar una historia de amor desde la juventud hasta la vejez. El alzheimer constituía un pretexto para obligar a los personajes a recordar, pero una vez que investigamos sobre la enfermedad nos dimos cuenta de que no podíamos tratarlo de pasada.
Garbiñe: Abordar el tema de la enfermedad implica tocar muchos temas por extensión: las relaciones familiares, el amor, el deterioro. Es por eso que el público se siente tan identificado.

¿Abarcar realidades cotidianas será la línea temática de vuestros próximos espectáculos?

Garbiñe: Nos gustaría hacer proyectos que estén conectados con lo que está pasando y con lo que a nosotros, como personas y creadores, nos preo­cupa. Y, atendiendo a nuestro nuevo espectáculo, sí que es apreciable que lo que nos mueve a hablar son cosas que nos implican.

“El momento de clímax de la obra es la renuncia al deseo de que las cosas sean distintas de como son”

 

¿Es la aceptación de la enfermedad y la vivencia real de la misma el mensaje de fondo de André y Dorine?

José: Uno de ellos sin duda. De hecho, el momento de clímax emotivo de la obra es la renuncia al deseo de que las cosas sean distintas de como son. Nos solemos aferrar a lo que fuimos. Creo que ese sería el posible secreto de la felicidad, sortear las cosas tal cual se presentan.

¿En qué ha cambiado la obra como espectáculo, desde que empezasteis hasta ahora?

Garbiñe: El espectáculo es un arte vivo y, al confrontarlo con un público, siempre se va modificando. De vez en cuando necesitamos que venga el director para que quite un poco el polvo y nos vuelva a recolocar donde tenemos que estar y, bueno, el éxito (risas) nos ha hecho confiar en lo que tenemos. Sabemos que tenemos una cosita que le llega al público.

En principio la máscara parece un recurso distanciador de la realidad e incluso de la emoción, y, sin embargo, se torna en un potenciador de la misma. ¿Podríais explicar en qué consiste este efecto?

Garbiñe: La máscara acerca porque hace que el público sea más activo en el espectáculo y ponga sus propias emociones en ella. Se convierte en los rostros de la biografía del espectador. En ocasiones parece que esa máscara ríe o llora aunque sea de un material inerte y rígido.
José: La convención es tan grande que el público ha de ser forzosamente imaginativo.

André y Dorine provoca risa y llanto. ¿Es vuestro estilo o pensáis ir en otra línea en un próximo proyecto?

José: El poder hacer reír y llorar en un mismo espectáculo como artista es lo deseable. Salirse del manido debate: “¿Qué es más difícil hacer reír o hacer llorar?”.

André y Dorine es un espectáculo de creación colectiva. ¿De qué manera os repartís el trabajo y cómo se toman las decisiones importantes?

Garbiñe: Comenzamos a organizarnos de manera intuitiva. No estaba muy pensado. La semilla del proyecto surgió de José y de mí, pero lo concretamos con el resto de los componentes del elenco.
José: Había una última decisión cuya responsabilidad recaía en el director (Iñaki Rikarte), pero fue sorprendente cómo fuimos organizándonos. Lo que lo hizo funcionar fue el deseo conjunto de contar una historia y el hecho de ceñirnos al día a día y trabajar lo que teníamos. El sentido del trabajo fue el trabajo en sí.

Eduardo: Cuando echamos la vista atrás nos damos cuenta de que fluyó desde el principio. Empezamos con la premisa de que nuestra historia se entendiera teniendo en cuenta que la obra iba a ser contada sin palabras.

¿Hay algún secreto aparte del trabajo duro para que una empresa artística pequeña funcione? ¿Por dónde se empieza?

Garbiñe: En nuestro caso siempre fue querer contar una historia. No fue “oye vamos a hacer una compañía… y ahora, ¿qué contamos?”.
Eduardo: Se trabaja en otros frentes a parte del creativo, por ejemplo el trabajo administrativo. Es la parte más prosaica y menos agradecida.
Garbiñe: Cuando creamos Ku­lunka no sabíamos de distribución ni de producción. A base de trabajar y equivocarnos fuimos aprendiendo.
José: Lo cierto es que toda la información se encuentra en internet. No tenemos redes de contactos ni nada parecido. (Risas) Está todo ahí. Hay que querer y ponerle ganas y tiempo.

“Pienso que en España estaría bien que los festivales tendieran al objetivo de crear público”

Con la compañía, habéis pasado por festivales de más de 20 países. ¿Hay algo que hayáis observado en la organización cultural de otros lugares que podríamos tomar para mejorar la nuestra?

Garbiñe: El festival BE de Bir­mingham está organizado por gente muy joven y con muy pocos medios que han empezado a crear y creer en un festival que se está haciendo cada vez más grande. Al igual que en la Pata­gonia que, con iguales condiciones, han creado el festival Cielos del Infinito.
José: Son festivales que tienen como objetivo crear público. Pienso que en España estaría bien que los festivales tendieran a ello.
Garbiñe: Y a nivel institucional, nosotros tenemos un Centro Dramático Nacional anclado en Madrid y sin embargo en Turquía, por ejemplo, tienen 16 centros dramáticos que giran y tienen mil actores de plantilla. El teatro llega y no es una cosa que se centre en la capital. Aquí se gastan nuestro dinero y no sabemos lo que hacen.
Eduardo: En Birmingham la gente de la Administración que gestiona el dinero cultural son profesionales de la cultura. En ese sentido tenemos mucho que aprender.

¿Cuál es el país al que más habéis vuelto?

Todos: China.

¿Por qué creéis que conectáis con este país?

Garbiñe: Sin duda conecta. En la última gira uno de los programadores nos dijo que nuestra obra era muy local suya. Le dijimos que era muy local nuestra también (risas). Es tan local que por eso es tan universal.
José: Es una obra local-planetaria.
Garbiñe: Desde los inicios el proyecto contó con gente que confió en el mismo, a veces en situaciones precarias.
José: A esta función le sale gente dispuesta a trabajar para que se haga. Las veces que hemos ido a Rusia es por una chica que estaba trabajando para que volviéramos. Es un boca a boca a nivel mundial. Por estar programados en Londres, nos programaron en Finlandia. //

Ver oferta de empleo completa

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s